Como mi mujer había quedado complacida con lo que yo le había hecho y a mi me fascinó ser "activa" decidí usar al "señor arnés".
Ibamos rumbo a su casa, con besos, caricias acostumbrados, pero ahora era yo la que participaba mucho más, por no decir que yo llevaba el ritmo, yo soy "derecha", pero me las ingeniaba para lograr mover mis dedos de la mano izquierda en su vagina, mientras iba manejando (Tengan mucho cuidado al hacer eso, pueden provocar accidentes).
Los sacaba y los chupaba, eso a ella la volvía loca, el hecho de ver que sus fluidos no me daban ningún tipo de asco más que puro placer, a ella también le excitaba bastante.
Al llegar a su departamento ya ibamos totalmente calientes, la puse contra la pared, la tomé por atrás, le levanté los brazos y empecé a besar su nuca, su cuello, su cara, pasar mi lengua por su espalda, sentir sus homóplatos y el cómo arqueaba hizo que mi vagina se humedeciera bastante, sus nalgas, porque debo decir que tenía unas nalgas hermosas, redonditas, gorditas, exquisitas, empecé a chuparla toda, su culo, esa zona arribita del ano que hace que te retuerzas de placer, empecé a meterle mis dedos, en esa posición, la tenía totalmente de espaldas hacia mi, con las manos en la pared, ligeramente separada y con las piernas un tanto abiertas para facilitar la entrada de mis dedos, el sonido que hacen los dedos y una vagina totalmente húmeda, me prenden de una manera, convirtiéndome en una bestia sexual, me excita bastante.
-Préstame el arnés- le díje suavecito, con la respiración entre cortada debido al grado de excitación-
-mmmjum- me dijo y señaló el último cajón de su clóset-
La abracé por atrás y empezamos a caminar, yo iba besandole el cuello, la puse contra los cajones, ésta vez de frente a mi, sus bubis, aunque pequeñas, totalmente exquisitas, sus pezones increiblemente parados, fui bajando poco a poco, empecé a lamerla toda, su ombligo, su vientre, mis manos abrían el cajón (me las ingenié para no dejarla de chupar), el contacto de sus ojos con los míos me llevaban tan lejos y me calentaban aún más cuando soltaba esos gemiditos y fruncía el entrecejo y se mordía del lado derecho su labio inferior...saqué el arnés, me levanté y seguí besándola, su saliva, su lengua, nuestras lenguas jugando, como pude me puse el arnés sin dejar de besarla, hasta que logré apretarlo bien y quedó bien puesto, teniamos ella y yo la misma estatura, quizás alguna diferencia en 2-3 cmts, pero el pene de plástico quedó bien entre sus piernas, sentí como lo apretó y me apretó más a mí, seguimos besándonos, ella se movía rozando el pene con su vagina, la voltée y le pasé el pene en sus nalgas, en su culo, sentí que estaba lubricado el pene de plástico, sin embargo tomé un poco más de lubricante, lo puse alrededor y la tenía ahí, paradita para mi, de espaldas, con el culo bien paradito, media abierta de piernas, mostrándome la deliciosa vagina húmeda, lo introduje muy despacio y ella hizo un movimiento de cadera, gimió más fuerte, me la acomodé bien y empecé a hacer movimientos de cadera, como ella lo habia hecho anteriormente conmigo, sólo me limité a imitarla, una y otra vez entraba, la tomaba de la cadera y la apretaba, ella gemía y se estremecía bastante, le di bastante duro, pare un rato y me senté en una silla, ella se sentó frente a mi, metiéndosela poco a poco y ella llevó el ritmo, se levantaba y sentaba como ella quería, gozando ella, noté que se había cansado un poco y me las ingenié para penetrarla una y otra vez una y otra vez, salía el pene de plastico, ella se hizo para atrás, una vez más como poseída no dejó de moverse, por un momento tuve miedo de que se cayera, pero no fue así, mis piernas estaban totalmente mojadas, ésta vez no fue ni mis dedos, ni mi mano ni mi brazo, fueron mis muslos, mis piernas, las que escurrian de sus fluidos...la levanté, la abracé muy fuerte hasta que recuperó el aliento, dió un suspiro muy fuerte...
-Estás segura que soy la primera con la que haces esto?-
-Por qué me preguntas eso?-
-Porque tal pareciera que lo haces seguido y sabes qué hacer, cómo le haces mi niña?
-Tu me ensañas, amor, aprendo de ti, todo
Y nos dimos un beso lleno de mucha saliva.
Ese diálogo, como muchos que decía cuando terminabamos de tener relaciones me dejaban siempre pensando... por qué dudaba de mi?, tal vez era que soy demasiado promiscua y quiero experimentar todo, oler, probar de todo, y me hace tener ese "no sé que que que se yo" a la hora del sexo...
domingo, 10 de enero de 2010
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