Estudiaba el nivel de secundaria, cuando conocí al “profe” de biología, un hombre atractivo, inteligente, con hermosa sonrisa, recién salido de su licenciatura, de unos 25 años, yo tenía 12 años, al principio fue una atracción de ambos, porque yo soy de las estudiantes que suelen preguntar todo, era bastante ñoña en realidad.
A esa edad, mis tíos me decía que estaba “curiosita”, es cosa de imaginarme, chaparrita, media llenita, cabelo chino y siendo sinceros, cre que soy bonita, cuestión de gustos y nada de modestia de mi parte.
“El profe” sabía lo que tenía y lo que causba en las niñas de mi salón (salón de mujeres); el siempre que preguntaba nadie respondía, excepto yo, todas las de más perdidas deidiotas adorándolo con los ojos y boca bien abiertos.
Con el tiempo me enteré que le gustaba la literatura, gracias a que a falta de mi mejor amiga enferma y en cuarentena por varicela pasé mis recreos a lado de dos grandes amigos, Kafka y su Metamorfosis y Antoine de Saint- Exupèry y su Principito.
Cursaba el tercer año cuando se acercó y me dijo:
-Te gusta leer?
-No, es que así tapo mis revistas-en un tono bastante sarcástico(siempre he sido así)
-Fue una pregunta bastante tonta, empiezo otra vez-dijo muy apenado- qué género te gusts más?
-En realidad leo casi todo lo que me dan, aquí entre nos ya leía a Carlos C. Sánchez, bastante malo, por cierto-
-Verdad que si?, a mi también me parece bastante malo, quieres que yo te preste libros, tengo varios que supongo te interesarán en mi cubículo, historia, política, infantil, si gustas puedes pasar el día que tu quieras.
-Gracias profe.
Mencionemos que en esos 2 años de 1.45 de estatura pasé a medir 1.65 mi estatura actual y no del todo, pero ya me empezaba a “desarrollar”.
Sin pensarlo pasé esa misma tarde a su cubículo, había libros ordenados en su librero y me llamó la atención uno de una pasta roja, La Historia Interminable...
-Son las 2 películas-me dijo
-Sólo he visto la primera, a parte mi hermano siempre dice que es mejor un libro a una película-
-Tiene mucha razón tu hermano, hazle caso, sabes?, me sorprende que alguien de tu edad tenga un libro como compañía...
Con el paso de los meses (septiembre-diciembre) me presentó a Michael Ende con Momo y su Historia Interminable, a Martín Luis Guzmán y la Sombra de su caudillo, a Tolkien y su Hobbit, y a Goethe con Fausto (nunca lo terminé y aún sigo intentando leer), cada libro con sus debidas discusiones.
Regresando de las vacaciones de Navidad, me presentó a un tal Mario Benedetti y su Viceversa.
-leelo en voz alta-
Cuando terminé de leerlo me vió de una forma que no me incomodó y por instinto caminé hacia el, me paré derechita frente a él, agachó la mirada y se dio la vuelta
-Ay niña, qué me estás haciendo?-
Seguimos viendo, dejamos los libros y empezamos a “conocernos”, platicábamos de todo un poco, mis recreos eran para el y sin darme cuenta nos estábamos encariñando.
Vinieron las vacaciones de semana santa, y cuando me despedí de el, fui corriendo y lo abrasé y le dí un beso al estilo Lolita, cuando se va de campamento.
Todas esas vacaciones pensé en él, sentia bonito cuando recordaba sus labios.
Al entrar, fue por mi a mi salón, fuimos a su cubículo, un espacio donde sólo había 1 escritorio, dos sillas, un librero y una mesa donde ponia su cafetera.
-Por qué me besaste?-
-Estás enojado?
-Te estoy preguntando por qué me besaste?
-No sé
-Ay niña, me vas a decir que soy una mala persona, pero había esperado ese momento desde que te vi con Kafka y su Metamorfosis, pero no sabía como reaccionarías
-Me encanta su sinceridad, profe, podría demandarlo por esto, lo sabe?
-Lo harías?
-Nunca
Pero para ese entonces yo estaba sentada en sus piernas, frente a el y besándolo (ahora que lo veo así, bastante perra que fui).
-Qué haces niña?
-Nada-
Yo con mi falda, sentada de frente a el, abierta de piernas, sobre las de el y meciéndome, sintiendo su pene.
Admito que me encantó la sensación, el me besó el cuello, me acarció la espalda, y sentí tan delicioso que me espantó, le sonreí bastante coqueto y me retiré.
-Vengo al rato, tengo clase-
Con una cara entre emocionado y sorprendido y no sé qué otra manera rica, que no sé cómo explicarlo, sólo asintió.
Lo prometido era deuda, regresé a la hora del recreo.
Me senté en sus piernas, ahora dándole la espalda, y yo me mecía una y otra vez sintiendo su pene, el me besaba el cuello, yo soltaba pequeños gemidos, hasta que me agarró una bubbi, gemí más fuerte y sentí como su pene se puso más duro, el sentirlo en mis nalgas me excitó bastante, me puse de frente a el y seguí meciéndome, él sólo cerraba sus ojos y se dejó llevar, hasta que el hizo un gemido muy rico, supe después que se había “venido”.
-Ay niña, qué me has hecho?-dijo abrazandome muy fuerte
-No, tu, qué me hiciste, se siente muy rico, aprenderé mucho contigo si me dejas y si me enseñas...
Los demás “encuentros” fueron muy similares, tímidos, con nula experiencia de mi parte.
El me dejaba agarrarle su pene de vez en cuando y cuando lo hacia, yo muy contenta, lo sentía duro, caliente, húmedo, hermoso; me enseñó como tocarlo y que a veces no es bueno apretarlo mucho y que hay que mantenerlo húmedo, yo, inocentemente me lamía mi mano y sguía tocándolo, eso a el lo volvía loco.
Por mi falta o más bien nula experiencia nunca le hice sexo oral (me daba asco)
Ahora disfruto como perra hacerlo!
Esta “relacioncita” se terminó antes de finalizar el curso, se fue a otro estado, obvio no sin antes despedirnos con una dotación de besos, caricias, abrazos y roces.
Cabe mencionar que el me tocaba sobre mi ropa interior, nunca hizo el intento por penetrarme, decía –“Tu virginidad se la darás sólo a quién tu quieras, y sé que no me la darás a mi”-
Recuerdo que hacía unos orales exquisitos, su lengua recorría desde mi cuello hasta mis piernas, deteniéndose en los senos, alrededor del ombligo, mi vientre, la parte interna del muslo y mi vagina húmeda la lamía con tanto gusto que hacía que me retorciera de las sensaciones que experimentaba con su lengua en mi clítoris, hasta que me torcía como loca y gemía más fuerte (mi primer orgasmo fue con él), no sabía que era, la respiración más acelerada, imágenes medio borrosas, todo temblaba, mis piernas, pero eso sí con una sonrisa a todo lo que daba, con los dedos de los pies dormidos (se me duermen siempre que tengo un orgasmo).
Lo recuerdo a mi profe con mucho cariño, besos exquisitos, caricias tiernas y lengua juguetona en cada rincón de mi cuerpo...
Edad de él : 27
Edad mía: 14
viernes, 8 de enero de 2010
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